Poesía #6 — Una estrella.

Una estrella me mira con pena, es una roca en un mar de oscuridad que no puede hacer más que observar mi martirio sin causa, sus hermanas renunciaron a mí, la luna misma renunció a mí, mas ella permanece, ahí sigue alzada, en esa profunda sábana que cubre mi vista y mi seguridad. Es curioso poder verle conmigo, ser compañía de adictos entre arbustos con sed no es lo que hace una estrella, menos una así de hermosa. Ese altruismo me intriga, algo ha de querer, pero yo no ofrezco nada más que pena. Al menos no estoy solo, las plantas que me rodean son como hermanas, veo en ellas mi reflejo: seres amorales traídos a un mundo amoral por un dios amoral, que con todo en contra intentan crecer, fallando al caer la miseria sobre sus cuellos pero aguantando el golpe nada más para recibir otro. No puedes juzgar si estas plantas aún viven o si ya han muerto, aunque las hojas grisáceas, las ramas delgadas y la rigidez absurda son buena pista.

***

Acabo mi divague, tomo un cigarrillo, tomo el encendedor, doy vida a la llama más bella que alguna vez vi, le utilizo, no me importa su belleza. Mi cigarro se bambolea suavemente entre mis dedos, mi boca le besa de tanto en tanto, su punta es un rizo anudado que baja en ascensor hacia su muerte y mi estrella, la bella altruista, es tragada por una nube que detesto; cuanto la detesto.

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