Prosa #7 — Uróboros.

…despertó en la miseria, él era miseria, que despertase en miseria no era lo extraño, se preguntó qué había pasado, buscó pistas a su alrededor: una cama de hospital, gente, una esposa, una hija, un doctor, nadie en realidad. Hablaron, como si fuese él una mesa, él no pensó eso, pensó que quizá estaba muerto, muerto como un mueble. Intentó mover sus manos, no hubo resultado, intentó tocar su pecho, no llegó a nada porque todo faltaba, la nada faltó como un niño distraído que falta a una fiesta a la que fue invitado, pero a la nada no se le invitó. Barron se asustó. Su esposa se levantó de su asiento, se fue junto a su hija, junto al doctor, junto a las luces. Barron estaba en oscuridad, decidió que dormiría, intentó cerrar los ojos, no pudo lograrlo, probó contar ovejas, ninguna quería ser contada. Barron sintió tristeza, como una mesa, anheló volver a su hogar, lloró cuando entendió que ya no había hogar al cual ir, no pudo llorar. La oscuridad era su arriba, su abajo, su totalidad. Cansado dejó de pensar, en miseria, su última memoria fue de horror, el horror de su vida, de su muerte. Quedó entonces lo negro de otros, otros que olvidaron su ocaso, su noche, pero no su mañana, así fue con ellos, así ha sido, será. En esa mañana hubo solo miseria, y Barron…

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